La anécdota de Mallaprac
Esta historia comenzó en el año 1988, cuando convergieron: la necesidad, el espíritu emprendedor, el gran apoyo de mis amadísimos padres y la bendición de Dios.
Aún no habiendo terminado la universidad, casado, sin empleo, sin dinero y con un bebé recién nacido (mi hijo Omar), se presentaba ante mí un panorama poco alentador; sin embargo, fue así como comenzó todo. Mis padres, siempre al pendiente de mí, al verme en esa situación me ofrecieron un pequeño capital, el cual acepté como préstamo, decidido a hacerlo crecer y al mismo tiempo hacer el propio; saliendo adelante con los compromisos adquiridos.
De esa forma, en un terreno propiedad de ellos, apartado, completamente rústico y sin servicio alguno, monté un par de máquinas, una para fabricar malla ciclónica y otra para malla hexagonal. Ese terreno es donde hoy se encuentran las instalaciones de Mallaprac Puebla.
Anteriormente, laboré en una gran empresa, que fabricaba estos productos; de ahí la idea de iniciar mi camino en el giro de las telas de alambre.
Inicialmente, la razón social era sólo “Prac”, lo que significaba Procesadora de Aceros, y fueron mis clientes de telas de alambre, quienes llamaron Mallaprac a la malla ciclónica; y así se quedó, de ahí salió “Mallaprac”. El logotipo fue creación de mi hermana menor, quien es arquitecta.
Al comenzar la producción, colocar mis productos me fue muy difícil, ya que competir con los grandes del ramo era casi una locura. Estaba por cumplir el primer año de producción, y el despegue se veía lejano. Ante esta situación, decidí probar suerte en Izúcar de Matamoros, mi tierra natal; por lo que me mudé ahí y cambié de ser fabricante a distribuidor. Fue así como en un local comercial, también propiedad de mis padres, coloqué mi escaso inventario y abrí al público, complementando con el servicio de instalación de cercas; sin embargo, tampoco despegué.
Entonces emprendí la búsqueda de mercado en la mixteca poblana, con la venta de productos de alambre, donde encontré una fabulosa oportunidad, la gente requería el material de forma constante y abundante, por lo que surgieron ventas, de una manera cada vez más grandiosa. Paulatinamente llegó el crecimiento y, poco tiempo después, amplié el giro con la venta de materiales para construcción, con la que el éxito nuevamente llegó.
A partir de la devaluación de diciembre de 1994, una recesión económica sacudió a México, y obligó a Mallaprac a cerrar sus puertas al público en 1996. A pesar de tener entonces una economía sólida, la empresa no tenía liquidez; así que opté por vender parte del activo circulante y saldar todos los pasivos que Mallaprac pudiera tener. Haciendo estos reacomodos, tuve al mismo tiempo una temporada para tomar aire, y planear el paso siguiente. Fue en ese mismo año de 1996 cuando se compró un gran terreno, con excelente ubicación en Izúcar de Matamoros, y ahí abrimos una refaccionaria para servicio pesado, la cual también tuvo cierto éxito; no tan grande como lo anterior, pero fue aceptable. Ésta permaneció abierta hasta el 19 de noviembre de 2004, cuando cerró sus puertas, debido a que las instalaciones les interesaban en renta a una empresa fuerte, en el ramo de acabados para la construcción, y era más conveniente rentar que seguir con el negocio de la refaccionaria.
En septiembre del año 2012, Mallaprac reabrió sus puertas nuevamente en Izúcar de Matamoros, con el giro de mangueras y conexiones en un local de nueva adquisición, y con un éxito rotundo.
En julio del 2013 nació el local de Puebla, en la Colonia Granjas de San Isidro, y debido al entusiasmo y trabajo de mi hijo Omar, quien en 1988 llegó a mí, justo al principio de esta historia.
El objetivo inicial de la bodega de Puebla era la venta en mostrador, al igual que Izúcar; pero no funcionó. Curiosamente, se repitió la historia de años atrás; mi hijo y yo sabíamos que las escasas ventas de mostrador no sostendrían el negocio, su cierre sería inminente; pero, en enero del 2014 Omar decide salir a buscar mercado en la industria poblana, y después de un arduo trabajo y grandes obstáculos logra incidir exitosamente. Así, en el 2014 Mallaprac Puebla logra acelerado crecimiento, cuyo ritmo se mantiene hoy día, nuevamente gracias a la necesidad, el espíritu emprendedor, el apoyo de nuestros padres y la bendición de Dios, que se conjugan y hacen de “Mallaprac” una gran y joven empresa, líder en su ramo.
Es un orgullo mencionar que “Mallaprac” nació en una familia honesta, humilde, respetuosa y trabajadora, por lo que procuramos cultivar estos, sus principales valores, en cada paso de su crecimiento. Estamos convencidos de que este esquema es el que nos ha mantenido de pie, y que “éxito que no es compartido, no es éxito” por lo que reconozco y agradezco infinitamente a todas las personas que, de alguna forma, han contribuido a que “Mallaprac” sea lo que es.
RUPERTO S. ORTIZ MARTINEZ
Presidente y fundador